El pasado día 3, la Coordinadora de Vivienda de Madrid, la Asociación Libre de Abogados y la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid, fuimos invitadas a comparecer en la Comisión de Vivienda de la Asamblea de Madrid.

Nuestra compañera empezó recordando la situación de la vivienda en Madrid: cada día, mientras se celebraba esta comparecencia, se realizaban 25 desahucios en una región en la que hay más de 300.000 viviendas vacías. Dejar esta cuestión en manos de los especuladores es sinónimo de vulnerar el derecho a la vivienda de las madrileñas, y con él muchos otros derechos. ¿Qué significa, sin una vivienda, el derecho a proteger a la familia? ¿O el derecho a la intimidad personal? ¿Qué derecho queda, incluso, al trabajo o al voto cuando no se tiene un techo en el que cobijarse?

Mientras se le privaba a tanta gente del derecho a un hogar, todas esas viviendas quedaban en manos de especuladores que las han tenido vacías durante casi una década de crisis, esperando tiempos mejores para su venta. El derecho a la propiedad prevalecía, por encima de cualquier otro. Pero como recordaba este viernes nuestra compañera, el derecho a la vivienda, tanto tiempo subordinado a cualquier otro que permitiera a los más poderosos conservar lo que ya tienen, no es inferior a ningún otro derecho. Al contrario, la vivienda debe ser considerada como un derecho de especial valor, fuerza y eficacia, como subrayan los tribunales de derechos humanos y como se justifica en la Constitución misma.

Y sin embargo, desde 1978, ningún gobierno, estatal o regional, ha hecho nada para dar carta de realidad a este derecho. Ha tenido que ser la sociedad civil organizada, a través del activismo por el derecho a la vivienda, quien lo hiciera efectivo. A lo largo de todos estos años, hemos detenido desahucios, realojado a familias y obligado a los grandes propietarios a conceder alquileres razonables para todos aquellos que no podían permitirse el extravagante precio que el mercado le ponía a este derecho. Incluso, ha recordado nuestra compañera, hemos tenido que ser nosotras quienes redactemos una ley para que, de una vez por todas, la vivienda sea el derecho que debería ser.

Nuestra ley se compone de 5 títulos:

  1. El objeto de la ley es hacer efectivo el derecho a la vivienda.
  2. Regula la vivienda social, definiendo el derecho de uso y el procedimiento de acceso a la vivienda pública, ya sea general o de emergencia. Regula el parque público de vivienda y su organismo de gestión como un agente vertebrador pero también participado por los agentes sociales. La vivienda social, en general, debe dejar de ser identificada con personas en situación de pobreza.
  3. La función social de la propiedad de la vivienda. Se establecen supuestos de usos antisociales de la propiedad privada de la vivienda, como por ejemplo mantenerla cerrada a cal y canto en espera de una nueva burbuja inmobiliaria, se establecen mecanismos para su prevención así como la definición de una figura llamada “gran tenedor de vivienda”. Se establece también un régimen sancionador cuyas competencias estén atribuidas a la Comunidad de Madrid para regular y castigar estos usos antisociales.
  4. Creación de una agencia de protección al consumidor que establece unas sanciones administrativas a los agentes que dispongan cláusulas abusivas.
  5. Regula los suministros básicos: evitar la pobreza energética en la Comunidad de Madrid, que hace que un hogar deje de serlo.

Al principio de su comparecencia, nuestra compañera Alejandra recordó a compañeras que estos próximos días corren el riesgo de perder su casa, y también tuvo ocasión de denunciar los 79.000 desahucios en la Comunidad de Madrid durante los primeros 8 años de la crisis. Todavía más que las 77.000 firmas que avalan nuestra Iniciativa Legislativa Popular. El miércoles que viene, nuestros parlamentarios tienen la oportunidad de hacer caso a casi ochenta mil personas y lograr que el caso de aquellas otras ochenta mil desahuciadas no se repita nunca más en nuestra región. Estamos hablando de una oportunidad histórica. No vamos a dejarla pasar.

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